Hacía mucho tiempo que un partido de fútbol no me cabreaba tanto como el del Granada-Málaga. Y me cabreó por el Málaga. Y no soy la única enfadada. El malaguismo entero está igual. Y aún continúa el cabreo horas después, porque hay cosas que se entienden.
El Málaga sólo ha logrado convencer en un único partido: el que jugó contra el Sevilla en la jornada 20. ¿Por qué? Porque fue el único en el que la intensidad del equipo fue mayor que la del rival.
El Málaga se ha convertido en un equipo superfluo, sin personalidad, sin intensidad, sin ganas de jugar a nada. No consigo comprender aún dónde estaba la defensa en el primer gol del Granada. Maresca cometió un error garrafal, la delantera local le ganó las espaldas a Demichellis e Ighalo aún está buscando al jugador que tenía que marcarlo. Pero es que en el segundo fue exactamente igual. ¿Dónde estuvo la defensa que ganó el partido contra los sevillsitas?
El equipo malacitano tiene uno, no, varios problemas. Y la gente se está cansando ya. El primero pasa por su entrenador. No es por nada, pero parece que quiere que lo echen. Ese chileno que llegó al Málaga en el año que iba a tomarse como sabático, aunque algo (llámese dinero, por ejemplo) le dejó en la capital de la Costa del Sol.
¿Quién entiende lo de Maresca? Ese hombre no es jugador de este Málaga que quiere aspirar a estar entre los grandes. Y sus errores son cada vez más continuados. Pero Pellegrini se empeña en ponerlo y no sólo eso, sino que lo hace en la alineación titular. Pero, ¿y Duda? Otro que tal baila. Y entró en la segunda parte. El portugués creo que se dejó la pierna buena en alguna parte a la que no haré referencia. Esos dos jugadores no son, repito, de este Málaga. Aunque lo que suena a broma pesada, desde luego, es lo de Maresca. Más aún teniendo a Recio y Juanmi sentados calentando banquillo. Así no se puede.
Lo mejor de todo fueron las declaraciones del míster al final del encuentro. Dijo que le gustó el juego de su equipo. De verdad. ¿Este señor ve lo mismo que los demás? ¿El mismo partido que vimos todos? Creo que no está en este mundo. Con cifras. El chileno está cumpliendo su peor temporada de competición en Europa.
Y los delanteros. Rondón lleva cuatro míseros goles. Los mismos que Cazorla. La defensa del Granada lleva los mismos que ellos. ¿Se puede permitir esto un equipo que sueña con estar jugando en el continente? Me parece que no. Vale que Cazorla está jugando en una posición más retrasada de la que le corresponde y que la delantera malaguista no es que tenga mucha tela por donde cortar, pero hay recursos. Van Nistelrooy tiene ya sus años, está lento, pero Rondón, que no es malo, carece de humildad y precisión. Algo falla. Y Baptista, a éste todavía lo estamos esperando, que ya van ocho semanas y hace una que debía haber vuelto.
Los cambios. Otro dilema. Ayer no fue mal del todo, porque aunque lo de Duda puso los pelos de punta a más de uno, luego entraron Recio y Juanmi, jugadores a los que todos esperábamos casi de inicio. Y quitó a Maresca. Es un paso.
Lo de Cazorla es otra cosa que se escapa a mi entender. Llegó al Málaga como la estrella de los fichajes este verano. Se esperaba el mismo rendimiento que tenía en el Villarreal. Pero Santi pasa desapercibido en todos y cada uno de los partidos. Como decían algunos amigos en Twitter irónicamente, su hermano el del anuncio de Mahou se notaría más que él. Si él es la bandera del Málaga... no quiero ni pensar lo demás.
Y Gámez. Esa eterna promesa de lateral que querían fichar algunos grandes hace unos años. Se ha acomodado tanto, que no aporta nada. Sergio Sánchez estaba sancionado, pero si Gámez quiere competir con él, desde luego no le está poniendo ganas.
No hay colocación. No hay orden. No hay marcajes. No hay compenetración entre los jugadores.No se hilan jugadas entre defensa y centro del campo ni entre la medular y la delantera.No hay bandas. No hay intensidad en el juego. No hay agresividad. No hay picardía. Y en las jugadas a balón parado ya tienen calado al Málaga.
Todo esto se traduce en que el equipo de Pellegrini podría ser sexto y sigue octavo, a siete puntos del descenso. Ya no se piensa en Europa, sino en sobrevivir. Porque la Liga en la zona media-baja está muy apretada. Porque los equipos que necesitan puntos los están consiguiendo. Ayer el Granada salió del pozo, por ejemplo.
El Málaga se dejó los puntos en Anoeta, frente al Sporting y ahora con el Granada. Y son nueve puntos que ojalá no pasen factura al equipo al final de temporada.
Pellegrini no acaba de dar o no quiere dar con la tecla y ya ha tenido margen de sobra para hacerlo. La afición está siendo paciente, pero ya empieza a cansarse, demasiado. En Los Cármenes se oían gritos de adiós al chileno al final del partido.
Éste no es el Málaga que todos esperábamos. Es un Málaga que está defraudando. Que te quita la buena cara cuando sales de La Rosaleda y que te cabrea cuando juega fuera. Éste no es el Málaga de competición Europea. No está a la altura. Y ya empieza a ser tarde para recuperar el camino.
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martes, 7 de febrero de 2012
lunes, 6 de febrero de 2012
Cuando un equipo no gana, adiós al de siempre
Me hace gracia, pero son como burritos detrás de una zanahoria. Me refiero a los clubes y a sus inmediatas ganas de echar a un entrenador. Ya lo ha hecho el Sporting, también el Granada y ahora le toca el turno al Sevilla. Todos hacen lo mismo. No se gana, adiós entrenador. Claro, es más fácil echar a uno que a 22, aunque la culpa la tengan estos últimos.
Está claro que cuando un equipo no gana es que algo falla. ¿Pero siempre es el entrenador?
En este caso, en el del Sevilla, hay muchos factores más. Se trata de un equipo considerado de los "grandes" de nuestra Liga, que siempre suele estar en Europa, aunque haya bajado el listón en los últimos años. Las expectativas están ahí. Si no se consiguen las metas, hay que cambiar cosas.
Tras empezar de una manera razonable la temporada y estar luchando por puestos de Europa League, el ya ex equipo de Marcelino se ha venido abajo de una manera considerable. Su juego es un descontrol, hay jugadores que no aparecen siquiera y algunos que son fichajes, pero como si no lo fuesen. Y esto, señores, no se lo puede permitir un equipo de la categoría del Sevilla, porque es un señor equipo, con una señora afición y es representante de una ciudad capital de una región entera.
¿Qué le ha pasado a Marcelino? Lo primero, los resultados. Si no se gana, te tienen que echar. Ya iban siete jornadas sin conseguir la victoria. La penúltima, con el Málaga, ya se le veían las orejitas al lobo, pero en el último encuentro, estaba cantada la destitución.
También está el caso Kanouté, que llegó a sonar como salida invernal del equipo hispalense. Otro vestuario que no estaba unido del todo.
Por otro lado, la composición del equipo en algunos partidos no era plato de buen gusto para algunos y lo cambios menos.
Pero, razones de más o de menos, se veía venir. Si no hay puntos, no hay entrenador. Y ya van ocho a lo largo de la temporada. Tras Michael Laudrup salir del Mallorca, cayó Hector Cúper en el Racing (aunque éste dimitió), y luego Juan Carlos Garrido (Villarreal), Manzano (Atlético de Madrid), Javier Aguirre (Zaragoza), Fabri (Granada) y Manolo Preciado (Sporting).
Ocho entrenadores de veinte equipos. ¿Es normal? Y otros tantos que han sonado, como Pellegrini o Pepe Mel.
Es injusto, pero siempre será así. Todos los pájaros comen pan, pero la culpa siempre es para el gorrión. Es decir, el que un equipo vaya mal, no es sólo culpa de uno, es culpa de un equipo entero, de una gestión, de unos jugadores que no dan lo que tienen que dar, que no se integran como deben, que no hacen aquello por lo que les pagan, de un cuerpo técnico que debe exigir más... y así podría estar una entrada entera.
Pero lo más fácil, es lo de siempre. Echar a la cabeza visible del equipo. Quizás si jugadores y directiva mirasen sus propios errores y analizasen qué ha pasado, evitarían que se volviese a echar a un entrenador más.
Por desgracia, me da que no será el último esta temporada. Nadie está seguro en la "mejor" Liga del Mundo, por llamarla de alguna manera. Suerte Marcelino.
Está claro que cuando un equipo no gana es que algo falla. ¿Pero siempre es el entrenador?
En este caso, en el del Sevilla, hay muchos factores más. Se trata de un equipo considerado de los "grandes" de nuestra Liga, que siempre suele estar en Europa, aunque haya bajado el listón en los últimos años. Las expectativas están ahí. Si no se consiguen las metas, hay que cambiar cosas.
Tras empezar de una manera razonable la temporada y estar luchando por puestos de Europa League, el ya ex equipo de Marcelino se ha venido abajo de una manera considerable. Su juego es un descontrol, hay jugadores que no aparecen siquiera y algunos que son fichajes, pero como si no lo fuesen. Y esto, señores, no se lo puede permitir un equipo de la categoría del Sevilla, porque es un señor equipo, con una señora afición y es representante de una ciudad capital de una región entera.
¿Qué le ha pasado a Marcelino? Lo primero, los resultados. Si no se gana, te tienen que echar. Ya iban siete jornadas sin conseguir la victoria. La penúltima, con el Málaga, ya se le veían las orejitas al lobo, pero en el último encuentro, estaba cantada la destitución.
También está el caso Kanouté, que llegó a sonar como salida invernal del equipo hispalense. Otro vestuario que no estaba unido del todo.
Por otro lado, la composición del equipo en algunos partidos no era plato de buen gusto para algunos y lo cambios menos.
Pero, razones de más o de menos, se veía venir. Si no hay puntos, no hay entrenador. Y ya van ocho a lo largo de la temporada. Tras Michael Laudrup salir del Mallorca, cayó Hector Cúper en el Racing (aunque éste dimitió), y luego Juan Carlos Garrido (Villarreal), Manzano (Atlético de Madrid), Javier Aguirre (Zaragoza), Fabri (Granada) y Manolo Preciado (Sporting).
Ocho entrenadores de veinte equipos. ¿Es normal? Y otros tantos que han sonado, como Pellegrini o Pepe Mel.
Es injusto, pero siempre será así. Todos los pájaros comen pan, pero la culpa siempre es para el gorrión. Es decir, el que un equipo vaya mal, no es sólo culpa de uno, es culpa de un equipo entero, de una gestión, de unos jugadores que no dan lo que tienen que dar, que no se integran como deben, que no hacen aquello por lo que les pagan, de un cuerpo técnico que debe exigir más... y así podría estar una entrada entera.
Pero lo más fácil, es lo de siempre. Echar a la cabeza visible del equipo. Quizás si jugadores y directiva mirasen sus propios errores y analizasen qué ha pasado, evitarían que se volviese a echar a un entrenador más.
Por desgracia, me da que no será el último esta temporada. Nadie está seguro en la "mejor" Liga del Mundo, por llamarla de alguna manera. Suerte Marcelino.
miércoles, 25 de enero de 2012
Guirado, un profeta en otra tierra
Hace unos días hablaba con un amigo sobre el blog. Como buen amante del fútbol malagueño que es, soltó un nombre: Guirado. "Yo he jugado contra él". Y de repente lo recordé. Yo, en mis tiempos de árbitro, también había coincidido con este malagueño.
"Está en Filipinas y está triunfando. Es una estrella allí", me decía. No tenía constancia, aunque luego recordé que algo había oído. Enseguida me puse a buscarle y cuál fue mi sorpresa al encontrarme que su cara era portada de numerosas revistas o estaba estampada en camisetas y sudaderas. Sale en multitud de anuncios allí en Filipinas y, en definitiva, es el Cristiano Ronaldo de aquel país tan español en algún tiempo.
¿Quién lo iba a decir? Ángel Guirado ha recorrido un largo camino para llegar a donde está. Nació en Málaga hace casi 28 años. A los 18 se marchó al Mataró, de Tercera. Jugó como central, aunque su posición natural es la de interior derecho. Allí, el Córdoba lo fichó (Segunda) y llegó a jugar nueve partidos. Aquel año los andaluces ascendieron. Luego llegarían el filial del Atleti, e incluso entrenó con el primer equipo. El Deportivo se hizo con él, aunque fue cedido a Vecindario y Lugo en la misma temporada.
El Levante fue su siguiente destino y, a punto de debutar en primera, los impagos y los problemas económicos del club echaron por tierra su sueño. Tanto fue así, que en 2008 volvió a Andalucía para jugar en el Santa Eulalia, Estepona, El Palo y Ronda, de categorías mucho más pequeñas de las que se merecía.
Pero, como dice la canción, "cuando menos te lo esperas va la vida y te sorprende". Sin pensárselo y tras surgirle una oportunidad en Filipinas, cogió las maletas y se marchó a jugar a la tierra natal de su madre.
El fútbol filipino no es famoso, no. Pero pasa por un gran momento y allí es el jugador más famoso. Tanto que incluso juega con los Azkais, el apodo del combinado nacional. Tanta es su fama, que tiene más de diez mil seguidores en Twitter.
Y de allí no se quiere mover. Él y su número 12 en el Global, uno de los mejores equipos del país, son santo de devoción de todos los filipinos. Allí juega de mediapunta y está en el mejor momento de su historia.
Aquí os dejo un vídeo suyo. http://www.youtube.com/watch?v=_QuOmIAZGtM
"Está en Filipinas y está triunfando. Es una estrella allí", me decía. No tenía constancia, aunque luego recordé que algo había oído. Enseguida me puse a buscarle y cuál fue mi sorpresa al encontrarme que su cara era portada de numerosas revistas o estaba estampada en camisetas y sudaderas. Sale en multitud de anuncios allí en Filipinas y, en definitiva, es el Cristiano Ronaldo de aquel país tan español en algún tiempo.
¿Quién lo iba a decir? Ángel Guirado ha recorrido un largo camino para llegar a donde está. Nació en Málaga hace casi 28 años. A los 18 se marchó al Mataró, de Tercera. Jugó como central, aunque su posición natural es la de interior derecho. Allí, el Córdoba lo fichó (Segunda) y llegó a jugar nueve partidos. Aquel año los andaluces ascendieron. Luego llegarían el filial del Atleti, e incluso entrenó con el primer equipo. El Deportivo se hizo con él, aunque fue cedido a Vecindario y Lugo en la misma temporada.
El Levante fue su siguiente destino y, a punto de debutar en primera, los impagos y los problemas económicos del club echaron por tierra su sueño. Tanto fue así, que en 2008 volvió a Andalucía para jugar en el Santa Eulalia, Estepona, El Palo y Ronda, de categorías mucho más pequeñas de las que se merecía.
Pero, como dice la canción, "cuando menos te lo esperas va la vida y te sorprende". Sin pensárselo y tras surgirle una oportunidad en Filipinas, cogió las maletas y se marchó a jugar a la tierra natal de su madre.
El fútbol filipino no es famoso, no. Pero pasa por un gran momento y allí es el jugador más famoso. Tanto que incluso juega con los Azkais, el apodo del combinado nacional. Tanta es su fama, que tiene más de diez mil seguidores en Twitter.
La gente le quita las camisetas de las manos, es apertura de los programas deportivos, le piden entrevistas a diario y es el futbolista que más autógrafos firma.
La única asignatura pendiente que le queda es que en España sepan valorar su calidad y su entrega. Ya tiene un nombre, al menos en Filipinas. Tan sólo tiene 27 años y mucho fútbol por jugar.
Nadie es profeta en su tierra, pero a veces, es necesario salir y serlo en otra. Quizás ahora el Levante lo eche de menos.
Aquí os dejo un vídeo suyo. http://www.youtube.com/watch?v=_QuOmIAZGtM
lunes, 23 de enero de 2012
En vestuarios divididos no entran objetivos
Para que un equipo funcione bien, lo importante es que el ambiente que se viva entre los jugadores sea bueno y sano. Si esto no es así, es muy complicado que haya armonía en el césped. Le pese a quien le pese. Se puede ganar, sí, pero por otros factores, como la cantidad de estrellas por metro cuadrado.
Es lo que le pasa, al menos, a un par de equipos de la Liga este año. En primer lugar, el Real Madrid. Por mucho que sus jugadores en rueda de prensa se empeñen en desmentirlo, sé de buena tinta que hay dos grupos bien definidos. Por un lado, los respaldados por Mou, es decir, los portugueses. Por otro, los españoles.
Ya en alguna comparecencia, el entrenador luso ha hecho llamada de atención a los jugadores nacionales, responsabilizándolos de las derrotas, sobre todo ante el Barça, mientras ha defendido a capa y espada a Pepe o Cristiano Ronaldo, cuando éstos no han estado a la altura en muchas ocasiones. Pero Pepe, aunque mate es bueno y Cristiano, pese a todo siempre es el mejor.
No hay más que ver la información sin firma que publicaba Marca:
Mourinho: (Dirigiéndose a Ramos delante de toda la plantilla, los preparadores y utilleros) "Me habéis matado en la zona mixta".
Sergio Ramos: "No, míster, usted ha leído sólo lo que pone en la prensa, no todo lo que dijimos".
Mou: "Claro, como los españoles habéis sido campeones del mundo y os protegen vuestros amigos de la prensa... Como al portero" [refiriéndose a Iker, que está a 30 metros, trabajando con los porteros].
Casillas: [Le grita desde donde está] "Míster, aquí las cosas se dicen a la cara".
Mourinho: "¿Dónde estabas en el primer gol, Sergio?"
Ramos: "Marcando a Piqué".
Mourinho: "Pues tenías que marcar a Puyol".
Ramos: "Sí, pero estaban haciendo pantallas con Piqué y decidimos cambiar los marcajes".
Mourinho: "¿Qué pasa, que ahora juegas a ser entrenador?".
Ramos: "No, pero dependiendo de la situación del partido, hay veces que hay que cambiar los marcajes. Y como usted nunca se ha vestido de corto, no sabe que a veces se dan esas situaciones".
Y la problemática no viene de los propios jugadores, sino del entrenador. Una persona que se ha dedicado más a que se hable de él que del mejor o peor juego de un equipo y que ve como se le va la fuerza por la boca sin lograr vencer al Barça, aunque vayan cinco puntos por delante en Liga.
A veces, la función de un entrenador es sólo entrenar. Aunque sea una obviedad. El resto sobra.
Es lo mismo que le está pasando al Málaga. Con Apoño ya fuera de onda, a petición de Pellegrini, el vestuario no está con el míster chileno. Le costó poner a Isco, le ha costado poner a Recio (fichaje de invierno sin duda), quitó de enmedio a Apoño y el vestuario le acusa de falta de comunicación, de no tolerar, de dialogar poco con algunos jugadores y de ser una persona fría.
En su empeño de poner a jugadores en posiciones que no le pertenecen y de crear más polémica con el entorno que alegrías, el Málaga está perdiendo el norte. Ya no es el equipo de aspiraciones europeas con el que se soñó en su día; y la Liga empieza su segunda vuelta.
No se puede ver a un equipo bajar los brazos a los 30 minutos de partido, como pasó frente al Barça. El partido del Sevilla será clave. Pellegrini no gusta, ni dentro ni fuera del club.
FOTO: AS
Algo similar le había pasado a Manzano en el Atlético con Reyes. Esa división generada y la escasez de buenos resultados llevaron a la directiva madrileña a ponerlo en la puerta de la calle. Una decisión que, tomada a tiempo, puede llevar al equipo colchonero a conseguir sus objetivos. Van por buen camino. El Real Madrid y el Málaga, no.
Y hay antecedentes. Recuerdo al Betis del descenso hace tres temporadas. Un Betis partido en el vestuario, un lugar en el que mandaban más los veteranos de la cantera como Juanito, Arzu o Capi, que los varios entrenadores que pasaron por allí. Ellos echaron a Chaparro a la calle y a Tapia los que quedaron.
Y algo similar pasó con Manolo Jiménez al frente del Sevilla, donde las estrellas no lo aguantaban y los resultados no lo acompañaban.
En estas ocasiones, el Betis descendió y el Sevilla se quedó sin Champions. El Atlético de Madrid ha dado ejemplo y el Málaga y el Real Madrid deberían pensárselo; porque se pueden quedar con una temporada en blanco. Porque, amigos, en vestuario dividido, no hay sitio para lograr los objetivos.
Es lo que le pasa, al menos, a un par de equipos de la Liga este año. En primer lugar, el Real Madrid. Por mucho que sus jugadores en rueda de prensa se empeñen en desmentirlo, sé de buena tinta que hay dos grupos bien definidos. Por un lado, los respaldados por Mou, es decir, los portugueses. Por otro, los españoles.
Ya en alguna comparecencia, el entrenador luso ha hecho llamada de atención a los jugadores nacionales, responsabilizándolos de las derrotas, sobre todo ante el Barça, mientras ha defendido a capa y espada a Pepe o Cristiano Ronaldo, cuando éstos no han estado a la altura en muchas ocasiones. Pero Pepe, aunque mate es bueno y Cristiano, pese a todo siempre es el mejor.
No hay más que ver la información sin firma que publicaba Marca:
Mourinho: (Dirigiéndose a Ramos delante de toda la plantilla, los preparadores y utilleros) "Me habéis matado en la zona mixta".
Sergio Ramos: "No, míster, usted ha leído sólo lo que pone en la prensa, no todo lo que dijimos".
Mou: "Claro, como los españoles habéis sido campeones del mundo y os protegen vuestros amigos de la prensa... Como al portero" [refiriéndose a Iker, que está a 30 metros, trabajando con los porteros].
Casillas: [Le grita desde donde está] "Míster, aquí las cosas se dicen a la cara".
Mourinho: "¿Dónde estabas en el primer gol, Sergio?"
Ramos: "Marcando a Piqué".
Mourinho: "Pues tenías que marcar a Puyol".
Ramos: "Sí, pero estaban haciendo pantallas con Piqué y decidimos cambiar los marcajes".
Mourinho: "¿Qué pasa, que ahora juegas a ser entrenador?".
Ramos: "No, pero dependiendo de la situación del partido, hay veces que hay que cambiar los marcajes. Y como usted nunca se ha vestido de corto, no sabe que a veces se dan esas situaciones".
Y la problemática no viene de los propios jugadores, sino del entrenador. Una persona que se ha dedicado más a que se hable de él que del mejor o peor juego de un equipo y que ve como se le va la fuerza por la boca sin lograr vencer al Barça, aunque vayan cinco puntos por delante en Liga.
A veces, la función de un entrenador es sólo entrenar. Aunque sea una obviedad. El resto sobra.
Es lo mismo que le está pasando al Málaga. Con Apoño ya fuera de onda, a petición de Pellegrini, el vestuario no está con el míster chileno. Le costó poner a Isco, le ha costado poner a Recio (fichaje de invierno sin duda), quitó de enmedio a Apoño y el vestuario le acusa de falta de comunicación, de no tolerar, de dialogar poco con algunos jugadores y de ser una persona fría.
En su empeño de poner a jugadores en posiciones que no le pertenecen y de crear más polémica con el entorno que alegrías, el Málaga está perdiendo el norte. Ya no es el equipo de aspiraciones europeas con el que se soñó en su día; y la Liga empieza su segunda vuelta.
No se puede ver a un equipo bajar los brazos a los 30 minutos de partido, como pasó frente al Barça. El partido del Sevilla será clave. Pellegrini no gusta, ni dentro ni fuera del club.
FOTO: AS
Algo similar le había pasado a Manzano en el Atlético con Reyes. Esa división generada y la escasez de buenos resultados llevaron a la directiva madrileña a ponerlo en la puerta de la calle. Una decisión que, tomada a tiempo, puede llevar al equipo colchonero a conseguir sus objetivos. Van por buen camino. El Real Madrid y el Málaga, no.
Y hay antecedentes. Recuerdo al Betis del descenso hace tres temporadas. Un Betis partido en el vestuario, un lugar en el que mandaban más los veteranos de la cantera como Juanito, Arzu o Capi, que los varios entrenadores que pasaron por allí. Ellos echaron a Chaparro a la calle y a Tapia los que quedaron.
Y algo similar pasó con Manolo Jiménez al frente del Sevilla, donde las estrellas no lo aguantaban y los resultados no lo acompañaban.
En estas ocasiones, el Betis descendió y el Sevilla se quedó sin Champions. El Atlético de Madrid ha dado ejemplo y el Málaga y el Real Madrid deberían pensárselo; porque se pueden quedar con una temporada en blanco. Porque, amigos, en vestuario dividido, no hay sitio para lograr los objetivos.
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